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Noticias Sector Construcción

Cómo recrear la tipología del estadio
El Clarín

Martes 02 de Marzo del 2010, Buenos Aires, Argentina.- Sin las exigencias que imponen deportes eminentemente mediáticos como el fútbol, donde lo icónico es un valor supremo, Toyo Ito diseñó un estadio en Kaohsiung (Taiwán) que rompe el modelo tradicional del "bowl", siempre cerrado sobre sí mismo.

Construido el año pasado para los Juegos Mundiales, una competencia internacional de deportes no incluidos en los Juegos Olímpicos, el Estadio de Kaohsiung se destaca por su acceso permeable, que deja ver parte de las tribunas y del campo de juego. La envolvente, compuesta por tuberías de acero que se cruzan en diagonal, recuerda vagamente al Nido de pájaros diseñado por Herzog & de Meuron para Beijing 2008, pero en este caso no completa la elipse, sino que se abre en una tira que parece abrazar al entorno. Así, el edificio se asemeja a una serpiente en movimiento, es como un reptil de piel escamada y brillante. Solo que en este caso las escamas cumplen un rol fundamental: se trata de 8.800 paneles solares de entre 2,5 y 3,5 m de largo, que generan más energía que la que el edificio necesita.

Es notable la manera en que el diseño de Ito trata de reducir el impacto de una estructura de este porte, ubicada en una ciudad de poco más de un millón y medio de habitantes, la segunda en importancia de la isla-estado que pertenece a la República China.

Más que un estadio

La idea madre del proyecto de Toyo Ito fue lograr una pieza arquitectónica que se pudiera disfrutar más allá de las competencias deportivas. Por eso el estadio está implantado en un gran parque urbano de 19 hectáreas, con una laguna y frondosa vegetación.

Si para otro de sus estadios emblemáticos, el Allianz Arena de Munich, Herzog & de Meuron pensaron la explanada de acceso como un elemento tan importante como el estadio en sí mismo (los arquitectos suizos imaginaron a los grupos de hinchas bajando de la estación de subte y marchando en procesión a alentar a su equipo); para este proyecto Toyo Ito se basó en la idiosincracia del público oriental, que durante las competencias de deportes no profesionales podría, tal vez, entrar y salir del estadio varias veces, libremente, para dar un paseo por el parque y aprovechar el buen clima del que la ciudad de Kaohsiung hace gala la mayor parte del año. Desde la autopista o en transporte público (hay una estación de trenes a poco metros), los visitantes llegan a una plaza de acceso suavemente elevada, que lleva hacia la "tira" que se abre de la elipse, donde además de las boleterías hay variedad de cafés y restaurantes siempre abiertos.

El parque está cubierto de palmeras y especies de plantas tropicales que, aunque recién plantadas, lo convierten en una atracción en si mismo.

Orgullo local

Con capacidad para 40 mil espectadores, que puede ampliarse a 55 mil gracias a su sistema de tribunas desmontables, el Kaohsiung es el primer estadio en Taiwan proyectado según los estándares de la FIFA (del fútbol es imposible zafar del todo) y fue categorizado como Clase 1 por la IAAF (International Association of Athletics Federations).

Es, también, un orgullo para los habitantes de esta ciudad portuaria de la costa sudoeste de Taiwán, dado que para la construcción se emplearon mano de obra y materiales locales, cien por ciento reciclables. Otro dato, nada menor, es que las regalías por excedente de energía que genera el techo solar (que, obviamente se vende) va a parar a las arcas públicas y se reinvierte en la ciudad.

Para acceder al estadio se circula por una plaza que se va elevando lentamente y luego, una vez que se han traspasado las boleterías, la superficie cae bruscamente, en una extensión de césped en pendiente que precede al campo de juego, que puede adaptarse a los distintos deportes. Los pasillos de circulación están encerrados dentro de las columnas de hormigón y llevan a los dos niveles de tribunas del estadio.

El Kaohsiung, además, posee dos subsuelos, donde se ubican los estacionamientos, los sectores para los deportistas y el vip. La novedad es que Ito eligió sacrificar parte de las tribunas para crear un acceso principal (ubicado al sudeste) donde las columnas aparecen desnudas, transparentando la estructura. El mismo recurso se repite en la "tira" de servicios donde se ubican las boleterías, bares, restaurantes y tiendas de merchandising.

De este modo, el arquitecto japonés logra atenuar el efecto de compresión que se experimenta en la mayoría de los estadios techados: la bóveda se abre en uno de los lados, y también desde las tribunas se puede ver parte del mundo circundante, la ciudad y las montañas, más a lo lejos. Es decir que lo que pasa en el campo de juego puede no ser lo más importante. Tal vez haya que buscar la explicación de este gesto en el hecho de que el estadio no está destinado –no al menos en principio– al fútbol que, ya se sabe, es pasión de multitudes.

La estructura del techo, que cubre unos 22 mil m2, se apoya sobre un anillo de piezas de hormigón curvadas hacia afuera, una suerte de columna vertebral que refuerza la idea del reptil en movimiento. La cubierta se compone de tres capas: 159 cerchas que soportan el grueso de la carga, cosidas por dos sistemas de aros oscilantes que se cruzan en diagonal. Estos aros materializan el concepto de "espiral contínua" y sirven para manejar las cargas temporales que pueden sobrevenir por fuerzas sísmicas o por la acción del viento.

Cada cercha tiene 30 nodos que facilitan el cambio gradual de la forma y cada nodo se conecta diagonalmente con la cercha que conforma la trama del techo. Los aros oscilantes están soldados unos a otros con tuberías de acero y se ven como totalmente interconectados.

Los paneles solares ocupan una superficie de 13 mil metros cuadrados, mientras que el resto del techo se revistió con vidrios laminados templados. Para salvar las diferencias entre el techo tridimensional y los paneles bidimensionales, Ito recurrió a unas juntas plegadas de goma, de un material conocido como SCR (styrene-chloroprene-rubber). Además, los mecanismos de cierre entre las tuberías pueden ajustar su ángulo y su posición.

Más allá de las especificaciones técnicas, lo cierto es que la cubierta genera mil kilowatts por hora, más de un millón de kilowatts por año, y supone una reducción de emisión de gases de carbono de 660 toneladas anuales. Otro orgullo para Ito y su equipo. (El Clarín Argentina : ARQ - Graciela Baduel)



Fuente: El Clarín - Suplemento Arquitectura - Graciela Baduel

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